El rol del contratista rural continúa siendo una pieza clave dentro del sistema productivo argentino, aunque atraviesa uno de sus momentos más desafiantes en términos económicos y estructurales. En un nuevo episodio de Juan Agro, Fredy Simone, presidente de la Federación Argentina de Contratistas de Máquinas Agrícolas (FACMA), analizó la actualidad del sector y alertó sobre la creciente presión financiera que enfrentan las empresas de servicios agrícolas.
Durante la entrevista, Simón explicó que el contratista moderno debe afrontar inversiones cada vez más elevadas para mantenerse competitivo. La incorporación de maquinaria de última generación —indispensable para mejorar eficiencia y precisión— implica desembolsos millonarios en dólares, en un contexto donde las tarifas de trabajo no evolucionan al mismo ritmo que los costos operativos.
Un eslabón estratégico del agro
En Argentina, los contratistas realizan una parte sustancial de las labores agrícolas, desde siembra hasta cosecha. Este modelo permitió durante décadas expandir la frontera productiva sin que todos los productores debieran adquirir maquinaria propia. Sin embargo, el equilibrio económico del sistema comienza a mostrar señales de desgaste.
Según Simón, el aumento del precio de los equipos, los costos de mantenimiento, combustibles e insumos, sumado a la presión impositiva, reduce significativamente los márgenes de rentabilidad. A esto se agrega la dificultad para trasladar esos incrementos a las tarifas cobradas por hectárea trabajada.
El dirigente también destacó que la profesionalización del sector exige capacitación constante, adopción tecnológica y gestión empresarial cada vez más compleja, transformando al contratista en un verdadero empresario agroindustrial.
Financiamiento y recambio generacional
Otro punto crítico señalado es el acceso al financiamiento. Las tasas y condiciones crediticias muchas veces no acompañan los ciclos productivos, dificultando el recambio de maquinaria y la renovación tecnológica. Esto impacta directamente en la competitividad y en la continuidad de empresas familiares del rubro.
A pesar del escenario desafiante, el sector mantiene su relevancia estratégica: permite eficiencia operativa, incorporación rápida de tecnología y mayor productividad en el agro argentino.
El desafío hacia adelante, coinciden desde FACMA, será encontrar esquemas económicos más equilibrados que permitan sostener la actividad sin comprometer la viabilidad de quienes prestan servicios esenciales para la producción.

