Distribuidora, con sede en Armstrong y más de 12 años de trayectoria en la fabricación y recondicionamiento de maquinaria agrícola, se convirtió en la primera firma argentina autorizada a importar maquinaria agrícola usada, tras el levantamiento de las restricciones que impedían este tipo de operaciones.
En una entrevista con este medio, Franco Bosso, socio gerente de la compañía, destacó que esta posibilidad fue posible gracias a los cambios en la política de comercio exterior, que derogaron el Certificado de Importación de Bienes Usados (CIBU).
“Siempre mirábamos con ganas el día en que Argentina permitiera esto. Apenas se abrió la posibilidad, iniciamos los trámites y conseguimos la habilitación. En diciembre ingresó nuestra primera máquina y ya tenemos cuatro más en camino”, explicó.
La empresa, que también cuenta con una filial en Uruguay, venía desarrollando este modelo de negocio desde hace años en ese país, aprovechando un mercado más flexible. Ahora, esa experiencia acumulada se traslada al mercado argentino.

El modelo de negocios se basa en la importación, revisión, recondicionamiento y posterior comercialización de maquinaria agrícola, con un fuerte compromiso con la postventa y el respaldo técnico.
“No solo importamos máquinas para comercializarlas acá, sino que también ofrecemos al productor la posibilidad de asesorarlo si ve algo en internet, verificar la condición en origen y traerla con garantía”, agregó Bosso.
Las máquinas —principalmente sembradoras, cosechadoras y pulverizadoras— provienen de Estados Unidos, país en el que la empresa tiene una red consolidada de proveedores confiables. Este punto, según Bosso, es clave para garantizar la calidad del producto final y evitar fraudes.
En cuanto a los precios, Bosso fue claro: si bien los costos de nacionalización pueden sumar entre un 25% y 60% al valor publicado en origen, la maquinaria importada aún muestra diferencias de precio competitivas frente al mercado local.
“Hoy puede haber una diferencia de hasta un 30% a favor de la importada. Aunque en el mediano plazo los valores se van a equiparar, lo más importante es que se amplía la oferta y la variedad de productos disponibles para el productor”, aseguró.

Consultado sobre el impacto en la industria nacional, Bosso fue contundente: “Nosotros somos industria nacional, empleamos a 35 personas, estamos dentro de un parque industrial. Creemos en la convivencia de ambos modelos. La industria local tiene una gran ventaja: desarrolla maquinaria adaptada al productor argentino. Pero también es bueno que exista diversidad y opciones.”
La primera máquina ingresó al país en enero y ya fue recondicionada. Las próximas unidades —una sembradora, una pulverizadora y una cosechadora— están en camino y llegarán en las próximas semanas. Todas ellas formarán parte de la primera oferta formal de maquinaria usada importada, con respaldo local, en el mercado argentino.

